¿Por qué los estadounidenses no se rebelan contra el sistema?
Los ingresos de los
estadounidenses disminuyen, cada vez más personas engrosan las filas de la
pobreza y casi toda la riqueza llena los bolsillos de los más ricos. ¿Por qué
los estadounidenses no se rebelan contra el sistema?
Robert B. Reich,
economista y político estadounidense que ocupó el cargo de secretario de
Trabajo durante el mandato de Bill Clinton destaca en un artículo que,
si bien la respuesta es compleja, confluyen tres razones que lo explican.
En
primer lugar, la clase trabajadora está paralizada
por el temor a perder los puestos de trabajo y los salarios que ya tiene.
“Nadie tiene
seguridad laboral. La última cosa que quieren hacer es montar un escándalo y
arriesgar lo poco que tienen”, explica Robert B. Reich.
En
segundo lugar, el economista hace notar que los
estudiantes no se atreven a cambiar la situación y a zarandear el barco.
“En las décadas
pasadas los estudiantes fueron una fuerza importante para el cambio social.
Ellos desempeñaron un papel activo en el movimiento de los derechos civiles, de
la libertad de expresión, y en contra de la guerra del Vietnam”, señala Reich.
“Pero los
estudiantes de hoy no quieren hacer un escándalo. Están cargados de deuda.
Desde 1999 la deuda estudiantil ha aumentado en más de un 500%, mientras el
promedio de salario inicial para los graduados se ha reducido un 10%, ajustado
por la inflación. Las deudas de los estudiantes no pueden ser canceladas en
quiebra. El incumplimiento lleva sanciones”, recuerda.
Como
tercera razón Reich destaca a la opinión pública,
que se ha vuelto tan “cínica” que muchos creen que la reforma no es posible.
“Cuando se les
preguntó si creen que el Gobierno va a hacer lo correcto en la mayoría de los
casos, menos del 20% de los estadounidenses creía que sí. Hace cincuenta años
cuando esa pregunta se formuló por primera vez en las encuestas, el porcentaje
fue de más del 75%”, explica Reich.
“En algún momento,
las personas trabajadoras, estudiantes y el público en general se cansará de la
situación. Harán reclamaciones a nuestra economía y a nuestra democracia. Esta
ha sido la principal lección de la historia estadounidense”, indica.
“La reforma es
menos arriesgada que la revolución, pero cuanto más esperemos, más probable
resultará la última”, concluye.


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